Podría entretenerme a describir cualquiera de las muchas virtudes con las que esta imagen de Roberto de la Torre me atrapó -formales algunas y estéticas la mayoría-, pero la tremenda intensidad de esta fotografía viene de los silencios que respira la escena. Tres austeras cruces y la desapacible soledad de la mañana acompañan la penitencia de una mujer que recorre de rodillas un viacrucis. Silencio de los pinos, testigos mansos de la plegaria. Silencio resignado de la oración tantas veces murmurada. Silencio del dolor y el sufrimiento de la herida que no sana. Y sobre todo, el sobrecogedor silencio de la niebla.
Fotografía:
Lugo, 2012
Roberto de la Torre
Para más información:
www.robertodelatorre.com