Ay de aquel que reniega del paisaje y rechaza cualquier relación entre este y su identidad. La ambición es un veneno invisible que mata destruyendo el entorno, proliferando silencioso como un cáncer que devora la esperanza e identidad de los pueblos. Paisajes inertes, arañados por la codicia, resquebrajada mortaja en la que se pudren eones de energía y belleza. Así de despiadados son los paisajes del fotógrafo y arquitecto portugués Adriano Pimenta, con base en Oporto, territorios surcados por las cicatrices de la avaricia.
Fotografía:
Oman, 2017
Adriano Pimenta