En ocasiones hemos escuchado la afirmación de que tal o cual fotógrafo -dilentantes o profesionales- es capaz de capturar la personalidad del individuo en un retrato, sentencia que me causa no poco asombro e inquietud. Asombro, al comprobar que contemplando algún antiguo retrato nuestro, somos incapaces de renconcilar al yo-que-observa con el yo-observado, al yo-del-presente con el yo-del-pasado. Nos reconocemos en la fisonomía, y con la memoria completamos los rasgos mas amables de nuestra personalidad pasada. El gesto se encarga de ocultar el resto. La inquietud proviene del desasosiego que me causa la posibilidad de que alguien fuese capaz de tal hazaña. Desconozco si José Luis Abalo -fotógrafo de oficio e instinto- esta en posesión de tal virtud, pero sus series de retratos son demostración de su buen hacer como retratista. El retrato seleccionado lo es por una doble razón: es testimonio de uno de los episodios mas dramáticos de nuestra historia reciente -la tragedia del Prestige- y retrata a una persona con la que también estoy vinculado fotográficamente y por la que siento especial admiración.
Fotografía:
Retratos Voluntarios, 2003
José Luis Abalo