El camino como elemento sobre el que organizar una historia o una vida se ha utilizado con frecuencia en la historia del arte, especialmente en aquellas disciplinas con capacidad para crear narraciones complejas, historias que se cuentan por la sucesión de acontecimientos a lo largo del tiempo y a través del espacio. En nuestra literatura tenemos un buen ejemplo en el Quijote, en el Lazarillo de Tormes o en los libros de viajes de Camilo José Cela, y en el cine el género tiene una larga historia, y para citar algunos ejemplos españoles puedo pensar en «Vivir es fácil con los ojos cerrados » de David Trueba o «El Olivo» de Iciar Bollain. Esto se debe a que el camino tiene una capacidad transformadora, más allá del hecho de llevar un sujeto del punto A al punto B. En el horizonte del camino se dibuja el futuro como una esperanza o una incertidumbre, para el caminante que en el presente avanza lentamente por el camino, mientras deja atrás sus pasos el pasado envuelto en una nube polvorienta. Como el río de Heráclito, nadie pasa dos veces por el mismo camino. La fotografia seleccionada forma parte de un viaje élfico que la autora portuguesa Beki Bonjour realizó a Islandia en 2018. Un recorrido en el que documentó la influencia de la cultura mágica en el paisaje de la isla.
Fotografía:
Proyecto «Huldufolk – the hidden people of Iceland», 2018.
Rebeca Bonjour