Aunque el género de fotografía escenificada (staged photography) tiene sus primeros practicantes destacados desde finales del siglo pasado (Duane Michaels, Cindy Sherman, Jeff Wall o Gregory Crewdson), podemos rastrear sus antecedentes hasta el mismo origen de la fotografía: en el conocido autorretrato con el que Hipólito Bayard simulaba su propia muerte ahogado, el autor concebía y simulaba una escena con el propósito de crear una imagen impactante que acompañase sus reclamaciones de reconocimiento y pretensiones económicas por la invención de la fotografía.
Son numerosos los autores que en los primeros decenios utilizaron este recurso creativo, heredero de los “tableaux vivants”, para trascender las limitaciones realistas y mecánicas de medio con la aspiración de emular algunas de las virtudes formales y estilísticas de la pintura. Dentro esta corriente pictorialista, podemos citar a algunos notables autores que crearon sus obras a partir de escenas cuidadosamente construidas: Oscar Gustave Rejlander (The Two Ways of Life, 1857), Julia Margaret Cameron (The Rosebud Garden of Girls, 1868), Henry Peach Robinson (Fading Away, 1858).
La llegada del modernismo a principios del siglo XX puso las cosas en su sitio, reclamando un espacio y voz propias para la fotografía. Pensadores como Benjamin, Barthes o Kracauer reflexionaron sobre la cuestión fotográfica, definiendo un marco ontológico en el que se debatían las especificidades del medio: autenticidad, objetividad, facticidad, indexicalidad… El momento decisivo fue declarado el paradigma de la destreza fotográfica y certificación de la habilidad del fotógrafo para anticiparse a las cambiantes y azarosas circunstancias de una fotografía de aliento documental, directa, pura y sin artificios. Esta fue la idea que dominó la fotografía durante las décadas siguientes, complicando cualquier discurso conceptual que pretendiese ir mas allá del efecto realista inherente a los medios de reproducción mecánica.
La influencia de los movimientos conceptualistas y nuevas corrientes de debate crítico durante el último tercio del siglo XX permitió la aparición de nuevos y radicales usos del medio. La fotografía performativa permite incorporar en el registro visual de la imagen fotografiada narrativas mas subjetivas que no tienen necesariamente un correlato en la realidad. Duane Michaels experimenta con secuencias teatralizadas y las relaciones entre imagen y texto, Cindy Sherman reflexiona sobre el estereotipo femenino en la cultura occidental y Jeff Wall recrea escenas cotidianas en un estilo que podríamos denominar cuasi-documentalista.
Uno de los autores fundamentales del género “Staged Photography” es el americano Gregory Crewdson, con un cuerpo de obra en la que es reconocible una atmósfera de misterio y suspense, y personajes que parecen conscientes de la ambigüedad de su situación: a medio camino entre lo cotidiano y lo extraño.
En el tratamiento de los personajes y los espacios podemos identificar las influencias Hopper: En un tiempo incierto, que parece detenido, ambos autores arreglan sus composiciones en un espacio cuidadosamente dispuesto e iluminado, que empatizan con el estado psicológico de unos protagonistas que parecen ensimismado en sus pensamientos y ajenos al lugar que habitan. En la inquietante quietud de la escena se adivina la tensión interior que agita la conciencia de los personajes. La lectura de estas imágenes, en apariencia simples y construidas en espacios cotidianos, desafían la interpretación sencilla e inmediata. En el prólogo de “Twilight” (2002), Rick Moody señala esta característica como una de las paradojas de la obra de Crewdson: “si puedes resolver una fotografía en 3 minutos [..], no querrás seguir mirándola más”. Por otra parte, hay una contradicción entre la abundancia de detalles y la falta de información para que el lector resuelva el enigma encerrado en cada fotografía.
El estilo cinematográfico que se atribuye a la obra de Crewdson -y que el mismo confirma, al reconocerse influenciado por directores como Hitchcock o Lynch- se evidencia tanto en la metodología (y coste) de producción de estas obras como en la calidad y apariencia de la luz. Cada una de sus fotografías es cuidadosamente planificada y diseñada durante meses de trabajo previos a la producción en los que se localizan las ubicaciones, se preparan los guiones visuales y se hace el casting de los actores. Un extenso equipo humano formado por técnicos de iluminación, atrezzo, maquilladores, vestuario, efectos especiales y operadores de cámara se convocan para la fase de producción.
La luz -crepuscular y vibrante- es un atributo reconocible en muchas de las series de Crewdson y contribuye al carácter cinematográfico que se le atribuye. La tenue luz del atardecer parece preludiar el drama psicológico de la noche, momento en que afloran del inconsciente los pensamientos más perturbadores. Aunque las escenas están cuidadosamente iluminadas, en muchas escenas se adivina el artificio eléctrico con el que, quizá intencionadamente, acentúa algunos elementos de la composición. A modo de iluminación “diegética” se incorporan otras fuentes de luz en la escena: faros de un coche, lampara, espejos iluminados, etc…, que ayudan a justificar la luz que extradiegética que se aporta desde fuera del plano.
Al igual que en el cine, la fotografía de Crewdson propone al espectador una experiencia narrativa visual simulando un “tipo de realidad” propia. El gran formato de las fotografías de Crewdson, al igual que el cine, proporciona también una percepción continuada de la escena, lo que sin duda favorece contribuye a que el espectador abandone por un instante la facticidad de su propia realidad y se sumerja en el complejo entramado narrativo que se despliega ante sus ojos. Tal como reflexiona MªIdoya Zorroza en su ensayo sobre ficción, experiencia y realidad en el cine:
El artista crea una nueva realidad, no para que imite la realidad en la que vive, sino para darle su propio aliento vital, para que tenga una vida autónoma e independiente. Ciertamente, el artista busca que la historia que quiere narrar cobre vida, y para ello -así lo vemos-la llenará de experiencias, caracteres, vidas llenas y complejas, modelos totalmente consistentes de personas, etc.., una textura, una atmósfera verídica que en algún caso podrá tener vinculaciones autorreferenciales o biográficas.
Referencias:
Gregory Crewdson (2018) At: https://gagosian.com/artists/gregory-crewdson/ (Accessed 08/09/2020).
Nates, Ó. C. (2015) Gregory Crewdson y su extraño mundo. At: https://oscarenfotos.com/2015/04/05/gregory-crewdson/ (Accessed 08/09/2020).
O’Hagan, S. (2017) ‘Cue mist! Gregory Crewdson, the photographer with a cast, a crew and a movie-sized budget’ In: The Guardian 20/06/2017 At: http://www.theguardian.com/artanddesign/2017/jun/20/gregory-crewdson-photographer-cathedral-of-the-pines-appalachians (Accessed 18/09/2020).
MªIdoya Zorroza (2007), Ficción, experiencia y realidad ¿Qué tiene que ver el cine con la vida?. Revista de Comunicación (6).
Créditos:
Untitled, Winter 2004, from Beneath the Roses, Gregory Crewdson